Presentación libro «El último in vitro» en el Colegio de Médicos de Madrid

Imagen de la presentación del libro el último in vitro en el colegio de médicos de Madrid

Trabajo en reproducción asistida desde hace muchos años, primero como embrióloga y después como psicóloga reproductiva. Desde esa experiencia he visto de todo: la mayoría de criaturas nacidas tras estos tratamientos están sanísimas —afortunadamente—, pero también he acompañado situaciones complejas, tanto desde el punto de vista médico como emocional.

¿Es esto representativo de un riesgo elevado? No lo sé.
¿Es suficiente como para negar cualquier incremento del riesgo o dar el tema por cerrado? Tampoco.

Y ahí es donde, a mi juicio, empieza el verdadero problema.

Un libro que no “descubre” nada, pero ordena lo que ya estaba ahí

El último in vitro no presenta grandes hallazgos inéditos. Su principal aportación no es descubrir nuevos mecanismos, sino recopilar, ordenar y visibilizar estudios que llevan años publicados, algunos de los que yo misma había hablado que, sin embargo, rara vez forman parte del debate público o clínico en reproducción asistida.

El libro pone el foco, entre otras cosas, en:

Nada de esto es nuevo para quien lleve tiempo trabajando en reproducción asistida. Lo llamativo es más bien lo poco que se habla de ello.

Epigenética: menos romanticismo y más biología

Uno de los puntos interesantes del libro es cómo desmonta una visión bastante extendida —y muy romantizada— de la epigenética.
La epigenética no “empieza” cuando un embrión se transfiere al útero de una mujer receptora. Los procesos epigenéticos son transgeneracionales y se activan mucho antes.

Además, las técnicas de reproducción asistida implican manipulaciones físicas y químicas de gametos y embriones en momentos del desarrollo extremadamente sensibles desde el punto de vista epigenético. Esto no significa que todo esté demostrado ni que exista una causalidad clara y directa, pero sí que hay evidencia suficiente como para justificar más investigación y más seguimiento.

Riesgos, estudios y el problema del silencio

La literatura científica recoge aumentos de riesgo relativo en determinadas patologías en población in vitro. Conviene decirlo con precisión: aumento de riesgo relativo no equivale necesariamente a un riesgo absoluto alto. Este matiz es importante y debe formar parte de cualquier conversación honesta.

Pero incluso con estos matices, resulta llamativo que estos datos no sean objeto de:

  • más debate clínico,
  • más atención desde la salud pública,
  • más seguimiento longitudinal,
  • y mejores sistemas de información para las personas que recurren a estos tratamientos.

Aquí entra en juego un elemento estructural difícil de ignorar: la reproducción asistida es hoy una industria enorme, profundamente atravesada por intereses farmacológicos y comerciales. Pensar que esto no influye en qué se investiga, qué se comunica y qué se silencia sería ingenuo.

Paternalismo, información y consentimiento

Hay otro aspecto que me parece especialmente problemático: el paternalismo.
Ese discurso de “mejor no decir nada para no preocupar a los pacientes”.

Las personas que recurren a la reproducción asistida no son sujetos frágiles a los que haya que proteger de la información. Son personas adultas, muchas de ellas atravesando un duelo profundo por la infertilidad, que tienen derecho a recibir información completa, honesta y contextualizada.

Yo, como profesional y como paciente de cualquier ámbito, prefiero siempre el debate a la ausencia de debate. Prefiero saber qué se sabe, qué no se sabe y qué está en discusión, antes que una tranquilidad construida sobre silencios o suposiciones.

En ese sentido, el consentimiento informado no puede reducirse a una firma ni a una enumeración técnica de riesgos poco comprensibles. Implica tiempo, acompañamiento y un marco que permita realmente decidir.

Por qué acompañé la presentación del libro

Hace unas semanas acompañé al autor en la presentación de El último in vitro en el Colegio de Médicos de Madrid. Lo hice precisamente porque creo que abrir conversaciones incómodas —basadas en datos, con matices y sin alarmismo— es una responsabilidad colectiva.

En las últimas semanas, he leído comentarios que cuestionan el libro por la supuesta ideología de su autor, como si eso invalidara automáticamente el contenido que presenta. Precisamente por eso me puse en contacto con él para contrastar estos puntos: ni el libro es un alegato contra los derechos reproductivos, ni su autor plantea una posición anti-derechos. El texto se centra en datos, estudios y vacíos del sistema que merecen ser discutidos con rigor, independientemente de las creencias personales de quien los exponga.

Desde mi lugar profesional, mi mirada es claramente feminista y comprometida con los derechos sexuales y reproductivos, la diversidad de proyectos familiares y la autonomía de las personas. Precisamente desde ahí considero importante poder leer y discutir un libro como El último in vitro sin reducirlo a la ideología personal de su autor. Analizar datos, señalar vacíos del sistema o exigir mayor regulación y transparencia no supone retroceder en derechos, sino todo lo contrario: es una manera de fortalecerlos y de proteger a quienes recurren a estas técnicas.

La reproducción asistida puede ser profundamente transformadora para muchas personas. Precisamente por eso merece más cuidado, más regulación, más seguimiento y menos paternalismo.

Hablar de riesgos no es asustar. A mí lo que me asusta es que se evite hablar de ellos.

Facebook
WhatsApp
LinkedIn
X

Relacionados

¿Quieres estar al día?

Suscríbete a la newsletter y recibe cada trimestre artículos, novedades y reflexiones.

Desde lo biomédico hasta lo social y legal, te cuento qué está cambiando en el mundo de la fertilidad, la reproducción asistida y la psicología reproductiva, y lo fundamental para estar bien informado/a.
No enviamos spam, solo contenido relevante.

¡Gracias por sumarte!

¡No hacemos spam! Lee nuestra política de privacidad para obtener más información.