“¿Cómo se va a sentir mi hijo el día de mañana?” Es, probablemente, una de las preguntas más importantes —y más difíciles— que se hacen muchas personas cuando inician un proceso de reproducción asistida con donación de gametos.
No es una pregunta técnica ni tiene que ver con tasas de éxito. De hecho, lo más probable es que el personal que trabaja en las clínicas no tenga ni idea de esto ya que tiene que ver con identidad, con vínculos y con bastantes factores que no siempre se puede anticipar.
Hace unas semanas participé en un grupo focal dentro de un proyecto de investigación internacional sobre bienestar en personas nacidas por donación de gametos (puedes ver más información del estudio aquí: MyGENESIS: A Digital Psychoeducational Program for Donor-Conceived Young Adults).
En este proyecto han colaborado profesionales y asociaciones de personas donoconcebidas, con un objetivo claro: comprender mejor qué influye en el bienestar a largo plazo. Lo relevante de este tipo de espacios es que permiten algo poco habitual: que distintas voces —familias, profesionales y personas nacidas por donación— estén presentes en la misma conversación.
¿Qué sabemos sobre cómo se sienten los hijos de donantes?
Lo primero que conviene decir es que no hay una única forma de vivir la donación de gametos.
Algunas personas lo integran sin conflicto mientras que otras atraviesan momentos de duda, enfado o necesidad de entender más. Y es frecuente oscilar entre distintas posiciones a lo largo de la vida.
Factores que sí parecen importantes
Aunque no hay una única experiencia, la investigación y la práctica clínica apuntan a algunos elementos clave:
1. La información y la transparencia
Crecer sabiendo el propio origen no es lo mismo que descubrirlo de forma tardía o accidental.
2. El acceso a los orígenes
Para algunas personas, poder acceder a información sobre el donante —o incluso conocerlo— tiene un impacto significativo en su bienestar.
3. El relato familiar
No es solo qué se cuenta, sino cómo se cuenta: si hay apertura, si hay incomodidad, si hay silencios, secretos, vergüenza…
4. El contexto social y legal
Modelos basados en el anonimato, como el español, generan unas condiciones muy concretas que también influyen en la experiencia.
Aquí, organizaciones como ESHRE llevan años señalando la importancia de avanzar hacia modelos con mayor transparencia.
Lo que a menudo no se dice
Hay algo que aparece con frecuencia en estos espacios de investigación y también en consulta: durante mucho tiempo, el foco ha estado casi exclusivamente en las necesidades de los adultos: en el deseo de ser madre o padre, en el acceso al tratamiento, en el éxito reproductivo.
Y, sin embargo, cada vez más personas señalan que el bienestar de los hijos no puede darse por supuesto ni reducirse a “si hay amor, será suficiente”. El amor es importante pero no responde a todas las preguntas.
Entonces… ¿cómo se puede sentir un hijo?
La respuesta honesta es: depende.
Depende de la historia, del momento vital, de la información disponible, del contexto en el que crece.
Pero también depende de algo que sí está en nuestras manos:
👉Cómo se construyen las condiciones alrededor de ese origen.
- si hay espacio para preguntar
- si hay acceso a información
- si se valida la curiosidad o la ambivalencia
- si no se patologizan ciertas preguntas
Quizá la pregunta no sea solo “¿cómo se sentirá mi hijo?” sino también:
¿Qué lugar va a tener su historia en todo esto?
Porque más allá de respuestas tranquilizadoras, lo que muchas familias buscan —y necesitan— es poder sostener preguntas complejas sin tener que negarlas.
Y en eso, todavía tenemos mucho camino por recorrer.