¿Por qué España se está quedando sin donantes de semen? Quizá el problema no sea el que creemos

Hace unos días varios medios de comunicación se hicieron eco de que algunas clínicas españolas alertan de que cada vez resulta más difícil encontrar donantes de semen y advierten de que, si la tendencia continúa, la situación podría volverse crítica en los próximos años.

Las explicaciones que se ofrecen son conocidas: peor calidad seminal, menor interés de los jóvenes, una compensación económica que ya no resulta suficientemente atractiva y el miedo a que desaparezca el anonimato.

Sin embargo, quizá convenga hacerse otra pregunta. ¿Y si el problema no fuera únicamente que hay menos donantes? ¿Y si lo que realmente está cambiando es la forma en que entendemos qué significa donar gametos?

Cuando los donantes de semen conocen mejor las implicaciones, las decisiones cambian.

Durante décadas, la donación de gametos se ha presentado como un gesto relativamente sencillo: un acto altruista, anónimo y sin grandes consecuencias para quien dona.

Pero hoy sabemos mucho más que hace treinta años.

Hoy sabemos que de una misma donación pueden nacer varias personas. Desde la puesta en marcha del SIRHA existe un mayor control del límite legal de nacimientos, aunque durante décadas ese control fue mucho más difícil de garantizar, como ya analicé en este otro artículo.  Sabemos que las pruebas genéticas comerciales han hecho prácticamente imposible garantizar un anonimato absoluto durante toda la vida. Sabemos que cada vez más personas concebidas mediante donación reivindican su derecho a conocer sus orígenes y que este debate ha llevado a numerosos países a revisar su legislación.

Con toda esta información disponible, es lógico que algunas personas se planteen preguntas que antes ni siquiera llegaban a formularse.Quizá la cuestión no sea que los jóvenes ya no quieran ayudar, sino que ahora toman decisiones con más información.

¿Era solo altruismo?

Uno de los argumentos que aparecen en la noticia resulta especialmente llamativo.

Se afirma que la compensación económica, alrededor de 50 euros por muestra, ya no resulta suficientemente atractiva para muchos candidatos.

Durante años se ha insistido en que la donación de gametos es un acto altruista y que la compensación únicamente cubre las molestias derivadas del proceso. Sin embargo, si una disminución del atractivo económico influye de forma importante en el número de donantes, especialmente en un contexto de aumento del coste de la vida, quizá convenga reconocer que el incentivo económico siempre ha desempeñado un papel mucho más relevante del que habitualmente se ha admitido.

El anonimato no es el único modelo posible

Otro de los motivos que señalan algunas clínicas es el temor de los candidatos a que desaparezca el anonimato en España. Es una preocupación comprensible si el modelo de donación se ha construido alrededor de personas que únicamente aceptarían donar bajo la garantía de un anonimato permanente. 

Sin embargo, la experiencia internacional muestra que la eliminación del anonimato no implica necesariamente el final de las donaciones. Países como Suecia, Reino Unido, Portugal, Países Bajos o Francia han recorrido ese camino antes que España. En muchos de ellos se produjo un descenso inicial en el número de donantes tras el cambio legislativo. Pero, con el tiempo, los sistemas se adaptaron y comenzaron a incorporarse perfiles diferentes de donantes, entre ellos personas de mayor edad o que ya habían formado una familia y aceptaban desde el principio la posibilidad de que, en el futuro, un descendiente pudiera conocer su identidad.

Si un modelo depende de que quienes participan desconozcan parte de sus implicaciones o confíen en un anonimato que la tecnología hace cada vez más difícil garantizar, probablemente sea el modelo el que merece ser revisado.

Tal vez no necesitemos recuperar el perfil de donante que teníamos, sino construir un modelo capaz de atraer a personas que conocen lo que supone donar y aun así desean hacerlo. Puede que eso implique abrir la puerta y regular las donaciones entre personas conocidas, como ya ocurre en varios países europeos.

¿Tenemos derecho a que siempre haya gametos disponibles?

La noticia parte de una premisa que raramente se cuestiona: si aumenta la demanda de semen de donante, el sistema debe ser capaz de satisfacerla.

Sin embargo, esa conclusión no es tan evidente.

El deseo de acceder a un tratamiento reproductivo con donación de gametos merece respeto e intentar dar solución, pero una mayor demanda no convierte automáticamente el acceso a gametos en un derecho ilimitado ni obliga a que existan siempre suficientes personas dispuestas a donar en cualquier circunstancia. En biomedicina estamos acostumbrados a diferenciar entre necesidades asistenciales y disponibilidad de recursos. Sin embargo, cuando hablamos de reproducción asistida, con frecuencia damos por supuesto que los gametos deben estar disponibles sin preguntarnos qué condiciones hacen posible esa disponibilidad.

Quizá durante demasiado tiempo hemos dado por sentado que el suministro de gametos debía estar garantizado. Y quizá esa expectativa solo era posible gracias a un modelo basado en el anonimato, una información limitada sobre las implicaciones de la donación y un relato exclusivamente altruista que simplificaba una decisión mucho más compleja.

El verdadero debate

La pregunta no debería ser únicamente cómo conseguir más donantes.

La pregunta debería ser qué sistema queremos construir.

Si un sistema solo funciona mientras las personas desconocen parte de lo que supone donar, quizá no necesite más donantes. Quizá necesite replantearse.

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