¿Por qué algunas mujeres se quedan embarazadas fácilmente y otras no? ¿Por qué, incluso cuando todas las pruebas médicas son normales, el embarazo no llega?
Estas preguntas me han acompañado durante años, primero como bióloga en un laboratorio de reproducción asistida y después como psicóloga e investigadora en toma de decisiones reproductivas.
Siempre he tenido un interés profundo en comprender la fertilidad. Intentar descifrar ese patrón que parece existir en algo que, a simple vista, resulta azaroso. Cuando hay un diagnóstico claro la mente puede descansar: hay una explicación. ¿Pero qué ocurre en los casos de infertilidad inexplicada? ¿Qué pasa cuando las pruebas son normales y, aun así, el embarazo no llega? ¿Qué pasa cuando ya hay diagnóstico, pero los tratamientos no funcionan? ¿Por qué falla la reproducción asistida?
Ahí es donde las estadísticas empiezan a quedarse cortas.
El límite de las estadísticas en reproducción asistida
En reproducción asistida, la fertilidad se define en términos cuantitativos:
- Edad.
- Niveles hormonales (como la AMH).
- Recuento de folículos antrales.
- Calidad embrionaria.
- Tasas de éxito por ciclo.
- Cantidad de espermatozoides en el eyaculado.
- Y así un larguísimo etcétera….
Estos datos son necesarios. La medicina necesita medir. Pero cuando definimos la fertilidad exclusivamente como algo cuantificable, luego nos sorprende que no explique todo lo que rodea los procesos reproductivos:
- El duelo reproductivo.
- La ambivalencia ante seguir o parar un tratamiento.
- La culpa.
- La sensación corporal de “esta vez sí”.
- El agotamiento emocional tras varios ciclos fallidos.
El modelo biomédico responde a la pregunta “¿cuál es la probabilidad?”, pero muchas personas necesitan responder a otra muy distinta: “¿qué significa esto para mí?”.
Existe un diagnóstico que genera especial frustración: la infertilidad inexplicada.
Lo que aprendí trabajando en un laboratorio de reproducción asistida
Trabajé en una clínica pequeña donde una misma bióloga seguía cada caso. Eso significaba conocer a las mujeres. Hablar con ellas. Escuchar sus dudas. Acompañar llamadas y visitas antes de la transferencia embrionaria.
Recuerdo muy bien el momento después de cada transferencia. Me sentaba sola en el despacho con la ficha delante. Miraba los datos objetivos: grosor endometrial, calidad del embrión, facilidad técnica del procedimiento, etc…Pero no solo miraba eso.
Pensaba en ella.
En cómo había atravesado el proceso.
En su manera de sostener la incertidumbre.
En algo difícil de definir que a veces hacía pensar: “esta vez va a ir bien”.
En aquella época usábamos hojas de seguimiento en papel. Yo apuntaba en lápiz lo que creía que podía pasar y no basándome solo en términos cuantitativos; había una dimensión cualitativa, una impresión global que no sabía traducir en variables.
Por qué hice una tesis cualitativa sobre fertilidad
Cuando decidí iniciar mi doctorado en psicología social, tuve claro que quería investigar la toma de decisiones reproductivas. Pero no desde la predicción estadística, sino desde la experiencia vivida.
Elegí una metodología cualitativa, es decir, escuchando y estudiando las narrativas, lo que sienten las personas que atraviesan estas técnicas, porque la estadística puede decirte que tienes un 30% de posibilidades de embarazo, pero nadie se queda embarazada un 30%.
No ha sido una elección cómoda. En entornos fuertemente biomédicos, la investigación cualitativa a veces se percibe como menos rigurosa. Pero comprender no siempre significa medir. A veces significa analizar discursos, identificar categorías de sentido, explorar cómo las personas construyen significado alrededor de decisiones profundamente corporales y vitales.
La fertilidad no es solo una función biológica. Es una experiencia situada en un cuerpo, en un momento histórico, en una red de relaciones y expectativas sociales.
La dimensión psicológica de la reproducción asistida
Mirar la fertilidad desde una perspectiva psicológica y cualitativa implica:
- Entender la toma de decisiones reproductivas como un proceso, no como un cálculo de probabilidades.
- Reconocer la ambivalencia como parte legítima del deseo de maternidad o paternidad.
- Integrar el duelo reproductivo en el acompañamiento clínico.
- Explorar cómo influyen las normas sociales y el mandato de la maternidad.
- Aceptar que parar un tratamiento también es una decisión válida.
La reproducción asistida trabaja con porcentajes. Las personas viven procesos.Y entre ambas cosas hay una distancia que no siempre sabemos nombrar.
Pensar la fertilidad más allá del resultado
Durante años hemos definido la fertilidad como la capacidad biológica de concebir. Pero quizá necesitemos ampliarla: pensarla como una experiencia relacional y temporal atravesada por el deseo, el contexto y el cuerpo.
Eso no elimina la biología. La complejiza. Porque medir no es lo mismo que comprender.
Y quizá el verdadero desafío en reproducción asistida no sea solo mejorar las tasas de éxito, sino ampliar el marco desde el que entendemos lo reproductivo.
Soy bióloga y psicóloga especializada en psicología reproductiva, e investigo la toma de decisiones en reproducción asistida desde una perspectiva cualitativa.